Texto: Ada Cristina Higuera y Vicente Ignacio Álvarez / Foto: Archivo Parroquial
Parroquia San Jerónimo, Las Tunas, Diócesis de Holguín, 30 de septiembre de 2012 / Por una tradición religiosa que ha calado en la cultura y la idiosincrasia de los pueblos, en Cuba como en otras partes del mundo, cada localidad se identifica con un santo.
Por ejemplo San Cristóbal de La Habana, San Juan en Camagüey, San Isidoro en Holguín, San Pedro en Matanzas y así según corresponda la fecha de fundación de la ciudad con el día del santoral, se escogía al patrono.
En Las Tunas no fue hasta 1690 que se edificó la primera ermita católica. Con el paso del tiempo se destruyó y en 1707 cuando la visita eclesiástica al Puerto del Príncipe del Obispo don Jerónimo Valdés Sierra, se pidió autorización para reconstruirla.
El templo quedó concluido en 1709, y lo nombraron San Gerónimo. Luego este apelativo enriqueció el toponímico de esta comarca que se conoció por un tiempo como San Jerónimo de Las Tunas.
En los alrededores de la iglesia se comenzaron a construir viviendas y servicios para poco a poco ir conformando la estructura del poblado donde se celebraban actividades religiosas que se hicieron coincidir tiempo atrás con las fiestas carnavalescas que cobraron vida en el año 1952.
Jerónimo nació alrededor del año 342. Es considerado Padre de la Iglesia y uno de los cuatro grandes Padres Latinos. La traducción al latín que hizo de la edición para el pueblo de la Biblia fue hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto oficial de la Iglesia católica que lo ha reconocido como un elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor las sagradas escrituras. En su recuerdo se celebra el Día internacional de la Traducción.
Jerónimo murió el 30 de septiembre del año 420, a los 80 años. Al coincidir esta fecha con la fundación del primer núcleo organizado de Las Tunas es nombrado el Santo Patrono de esta ciudad.
En el Templo Parroquial Mayor que lleva su nombre fue recordado en cada una de las celebraciones eucarísticas, resaltando así nuestros más genuinos rasgos de identidad y pertenencia.