Vaticano, 15 de abril de 2014
Queridos seminaristas:
Agradezco mucho la carta que me han enviado, haciéndome partícipe
de la ilusión de afianzar el llamado de Dios para llegar a ser buenos
sacerdotes al servicio del santo pueblo de Dios en Cuba. Háganlo con
alegría, con constancia, con humildad. No se trata de aprender un «oficio»,


sino de llevar a Cristo en el corazón para poderlo ofrecer sin reservas a los
demás, especialmente a quienes más lo necesitan. Ésta es una tarea
apasionante que bien vale toda una vida.
También los invito a seguir
fielmente las orientaciones de los
formadores. Ellos saben muy bien la importancia decisiva que tiene, para el
seminarista, una vida espiritual intensa y constante, una preparación
intelectual seria, una experiencia comunitaria y de fraternidad, y la
actividad apostólica. Estos son los pilares, que interactúan y se
complementan entre sí, sobre los que se funda la vida del seminario.
Les pido por favor que no dejen de rezar por mí y por los frutos de
mi servicio a la Iglesia.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

 

Fraternalmente

 

Actualizado ( Viernes, 30 de Mayo de 2014 18:25 )